El problema del cine español

El problema de nuestro cine, el de nuestra literatura es el mismo que el de tantos otros cines nacionales. Los españoles sólo hacemos cine para nosotros.

El extremo de cine para consumo interno eran las indigeribles comedias de los O’zores, donde el chiste estaba en colar en el guión el nombre de Fraga o algún tema de actualidad, aquello era sólo para estómagos nacionales.

Pero el cine que se hace sigue sin ser universal. El gran éxito de taquilla, Torrente, es también demasiado casero. Almodóvar también vendía verduleras, pero hizo gracia en el extranjero.

Yo siempre he visto dos tendencias en nuestro cine y las dos con poco futuro. La arrabalera, que consiste en asumir que no podemos hacer algo decente y quedarse en el chascarrillo y el chiste verde. Y en el otro lado, la pretenciosa, que consiste en olvidarse del espectador y creer que hacer buen cine consiste en meter un ladrillo de la literatura o un manual de fotografía, historia o matemáticas, en las dos horas de un metraje. Al primero pertenecen Almodóvar y Santiago Segura como lo más saboreable, al segundo engendros tales como Juana la Loca y Silencio Roto.

Por suerte, nos queda Amenábar. Y yo sigo soñando con que vuelva Victor Erice.

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